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Dakar Arabia Saudita 2020. Honda positiva

 

Informe: S.C. – Fotos: prensa y archivo ERRE.

Denominado oficialmente para la carrera como “El Reino de las Arenas”, Arabia Saudita cumplió con las expectativas y se afirma como escenario para los próximos años.

Si para encarar la competencia más extrema del mundo hace falta tener buenas dotes de conducción, navegación y resistencia, Arabia se transformó en toda una apuesta para la aventura. A raíz de sus dimensiones y características, el territorio saudita brindó la posibilidad de hacer un recorrido completo donde cada etapa tuvo su sello propio. La carrera volvió a ofrecer, como cuando se disputaba en África, un amplio abanico de paisajes: cañones, dunas, montañas, cauces de río secos que, además de asombrar a la vista, pusieron a prueba tanto a pilotos como a sus máquinas. Fue una lástima que el Dakar haya partido de Sudamérica, pero para sus participantes la añoranza no fue tal.

Arabia Saudita es el país más grande de Oriente Medio. Con más de dos millones de kilómetros cuadrados, está habitada en gran parte solo sobre su franja marítima. Por eso se presentó ante los organizadores de ASO como una gran oportunidad de encontrar fabulosos paisajes capaces de poner a prueba a los participantes. Es por eso que quienes lo idearon, con el director general David Castera a la cabeza, apuntaron a la resistencia extrema, con cinco jornadas que superaron los 450 kilómetros de carrera, y una serie de medidas para equiparar las posibilidades deportivas entre las estructuras profesionales y los participantes amateurs. Los símbolos de las hojas de ruta o ‘roadbook’ se imprimieron en colores de acuerdo a un código intuitivo para evitar los trabajos de preparación previos a cada etapa (en especial para aquellos pilotos que llegan tarde al campamento). Además, en cuatro etapas, el ‘roadbook’ se entregó minutos antes de la salida de la especial, para que nadie obtenga ventajas. Otras novedades incluyeron una parada obligatoria en el transcurso del especial (hasta ahora solo lo hacían motos y cuatris al momento del repostaje de combustible), imponiendo un período de descanso y refocalización que fue bien recibido por cuestiones de seguridad. Por último, en caso de abandonos sin consecuencias físicas, los participantes fueron autorizados a retomar la competencia en una clasificación paralela bautizada como “Dakar Experience”. ¿El objetivo? Amortizar los costos para aquellos que debieron quedarse en el camino tempranamente para que, si pelear por la victoria, continúen disfrutando del desafío y tener más experiencia hacia futuras presentaciones.

Motos

Desde las orillas del mar Rojo, con Jeddah como punto de salida, hasta Qiddiya, la ciudad del deporte y de la cultura, muy cerca de la capital Riad el recorrido tocó varios puntos de la geografía saudí. En medio, se atravesaron los cañones y montañas del oeste del país y luego fue el tránsito por ese extenso espacio desierto lleno de dunas del llamado ‘Empty Quarter’ (el “cuarto vacío”, para los árabes). La edición número 42 del Dakar culminó en Motos con la victoria del estadounidense Ricky Brabec, que colocó a Honda en lo más alto del podio tras 31 años de espera.

Hacía desde 1989 que el primer fabricante mundial de motos no ganaba el Dakar (fue con victoria de Giles Lalay). De la misma manera, ningún piloto estadounidense se había adjudicado aún el rally raid más celebre del mundo. En la llegada de Qiddiya, Ricky Brabec y su Honda 450 CRF escribieron un nuevo capítulo en la historia de la carrera, con letras de oro. Puntero desde el final de la tercera etapa, el californiano supo gestionar su ventaja a lo largo de las siguientes jornadas. El año pasado fue traicionado la mecánica a tres días de la llegada, pero este año la moto fue como un reloj hasta el último kilómetro. Fue una justa recompensa para un piloto que nunca escatimó esfuerzos, así como para Honda, que supo esperar pacientemente desde su regreso oficial al Dakar en 2013. Edición tras edición, sin perder esperanzas, pese a los reveses acumulados, el equipo HRC logró perfeccionar la confiabilidad de la moto, reorganizar su estructura y encontrar esa alquimia sin la que resulta imposible hacerse con el éxito. ¿El resultado? Destronar al equipo KTM que sumaba 18 victorias consecutivas desde 2001. Detrás de Brabec, Pablo Quintanilla fue el piloto más agresivo. Al manillar de su Husqvarna, el chileno obtuvo un excelente segundo puesto, luego de pasar todo un año dedicado a recuperarse de la lesión en un tobillo producida en el último Dakar en Perú. El tercer puesto del podio fue para Toby Price, ganador en 2019, quien tuvo ritmo para pelear la punta pero también se complicó durante un par de jornadas. Cuarto quedó Ignacio Cornejo, quien peleó con uñas y dientes la posibilidad de quedar en el podio final junto a Price, Walkner y Barreda, todos grandes especialistas en esta carrera. En lo que respecta a los argentinos, Kevin Benavides, venía haciendo un trabajo regular y metódico pero lamentablemente el motor de su CRF 450 se rompió a poco del final de la sexta etapa. Tras esperar por ayuda y ser remolcado, ingresó al campamento en el puesto 104, a casi tres horas del puntero. Al día siguiente, se dio el gusto de ganar en el camino, y comenzar una recuperación que lo dejó en un puesto 24 que sabe a muy poco. Más parejo fue el andar de Luciano Benavides. El menor de los hermanos salteños sigue haciendo experiencia dentro de las filas oficiales de KTM y su sexto puesto final promete para futuras actuaciones. Otro argentino que anduvo bien y terminó dentro del Top10 fue Franco Caimi. Tras dos experiencias fallidas en ediciones anteriores, Franco tomó la responsabilidad de conducir al equipo oficial Yamaha cuando sus dos principales pilotos abandonaron en los primeros días: Adrien Van Beveren y Xavier De Soultrait. Los otros argentinos que integraron una delegación “light” que incursionó en Arabia Saudita fueron: Sebastián Urquía (terminó en el puesto 59), Leandro Cola (abandonó en la etapa 4, se reenganchó en el “Dakar Experience” y se rompió el omóplato derecho en la décima jornada) y Mauricio Javier “Paco” Gómez, quien tampoco tuvo mucho fortuna y terminó con una fractura de fémur, también en la décima etapa.

Quads

Luego de su experiencia poco fructífera en UTVs del año pasado, Ignacio Casale regresó a su primer amor. Resultó ser una buena elección para el bicampeón de la prueba, que no perdió sus condiciones de manejo y dejó una impronta en la carrera desde los primeros kilómetros. Líder de la general de principio a fin, el chileno no tuvo en ningún momento una clara oposición, pese a los esfuerzos del francés Simon Vitse o de su compatriota Enrico Giovanni. Con 4 victorias de etapa y una presencia en el Top 4 con una regularidad pasmosa Casale no ofreció mucho suspenso. Simplemente perdió 45 minutos en la búsqueda de un way-point en la décima etapa y eso lo inquietó un poco, pero ganó y ahora iguala ahora a Marcos Patronelli como tricampeón del Dakar en esta categoría. Con una participación muy reducida de argentinos, vale destacar el trabajo de Manuel Andújar (cuarto con Yamaha), Martín Sarquiz (décimo con Can Am) y Carlos Verza (undécimo con Yamaha). También con Yamaha, Mariano Bennazar abandonó en la segunda etapa pero se sumó a la clase Dakar Experience y dio toda la vuelta.

UTVs

Desde el arranque, esta clase cada vez más convocante y atractiva, no tenía claros favoritos. Cassey Currie formaba parte de los pilotos que había que seguir de cerca, al igual que sus adversarios. El estadounidense esperó a la segunda semana para destacarse, dejando primero que otros competidores (con mayor experiencia), se llevaran los laureles. Así, el último ganador Francisco “Chaleco” López  se impuso en 2 etapas, el vencedor en 2018 Reinaldo Varela ganó otras 2, el subcampeón de 2019 Gerard Farrés también cosechó 2 triunfos, el pentacampeón en Motos Cyril Depres ganó una o incluso las jóvenes promesas Blade Hildebrand (2), Mitchel Guthrie (2) y Aron Domzala (1) también se destacaron. Pese a que fueron numerosos los ganadores de etapa, todos tuvieron al menos una jornada negra donde echaron por tierra sus aspiraciones a la victoria final. Currie, por su parte, se la jugó por la regularidad para adjudicarse su primer Dakar en su segunda participación al volante de una unidad Can-Am, por delante de un Sergei Karikain que se fue de Arabia Saudita sin victorias, pero con la satisfacción de un podio final. Aquí participaron otros cuatro argentinos. Omar Gándara tripuló su Can Am Maverick X3 navegado por el uruguayo Sergio La Fuente y abandonó dos veces, en la quinta y la séptima etapa. Los otros tres connacionales fueron como copilotos, con Juan Manuel “Pato” Silva como el mejor clasificado (junto al español Juan Medero) que finalizó en el puesto 15. Ricardo Torlaschi acompañó al kazajo Denis Berezovskiy (terminaron en el puesto 24); mientras que Nicolás García estuvo junto al italiano Stefano Marrini (también sufrieron un doble abandono).

Autos

Los grandes veteranos mantuvieron el control del Dakar, prueba de madurez por excelencia. El debutante Fernando Alonso no puede decir lo contrario, ya que sus prometedoras prestaciones no fueron suficientes para proporcionar el tan ansiado duelo español contra Carlos Sainz que los medios auguraban. Algo similar deberá pensar el local Yazeed Al Rajhi, quien siguió con su aprendizaje y obtuvo en casa su mejor clasificación, una cuarta posición.

Los tres pilotos que ocuparon el podio suman 50 participaciones en coches y ahora 14 títulos en la categoría. El conocimiento de la región y la confiabilidad de una Hilux Toyota con resultados demostrados, hacía que los pronósticos favorecieran a Nasser Al-Attiyah. Sin embargo, el buggy Mini confiado a Carlos Sainz no se desvió en ningún momento del camino al éxito. Adelante después de la tercera etapa y luego en la jornada de descanso, “El Matador” solo tembló en la octava especial, cuando perdió parte de su ventaja sobre sus dos rivales más cercanos. Sin embargo, supo aguantar luego sus intentos de ataque hasta Qiddiya. El lituano Vaidotas Zala, que sorprendió con la victoria parcial del primer día, quedó rápido fuera de la pugna, mientras que Mathieu Serradori rubricó la primera victoria de etapa de un auténtico amateur en 32 años de historia. A ambos, solo les queda seguir madurando para aspirar a lo más alto.

El argentino Orlando Terranova tuvo una actuación de mayor a menor, ya que del sexto puesto del día inicial pasó a liderar la general en la segunda jornada y se mantuvo en el Top5 durante casi toda la carrera salvo en la última parte, cuando cayó al sexto lugar de la clasificación final.

Camiones

Ganador de las tres primeras ediciones, Eduard Nikolaev partía como grandísimo favorito en esta edición del rally. Sin embargo, el vigente campeón no participó en ningún momento en la pugna y terminó incluso abandonando por grandes problemas técnicos con su Kamaz. Por fortuna, al fabricante ruso no le faltan candidatos y pudo contar con su antiguo ganador de 2014, Andrey Karginov. Tras una etapa inaugural algo tímida, el piloto de 43 años ofreció todo un recital con 7 victorias de etapa y un ritmo imposible de seguir para sus rivales, incluidos los compañeros de equipo. Anton Shibalov, segundo en la general con 3 victorias de etapa, se quedó a 42 minutos en la meta de Qiddiya; mientras que Siarhei Viazovich, con su camión MAZ quedó tercero en la meta final a más de dos horas, tras haber albergado ciertas ilusiones al inicio del rally (fue puntero en las primeras jornadas).

El Dakar de luto

La tragedia y los números

A veces, no es necesario ser cabalístico ni supersticioso para asombrarse y creer en algunas cosas que van más allá de una mera coincidencia. Hace un tiempo, la viuda de Lorenzo Bandini (piloto de Ferrari en F1 durante la década del ’60), explicaba cómo el número 7 había estado relacionado con la muerte de su esposo. “El accidente fue el 7 de mayo de 1967 a las 17:07. Lorenzo iba por su séptimo año en la F1 y ese día en Mónaco perseguía a Hunt a 17 segundos de diferencia. Chocó cuando faltaban 17 vueltas, demoraron 17 minutos en llevarlo al hospital y estuvo agonizando 72 horas en la habitación 7. Fue repatriado a Italia en un Boeing 727 (vuelo 607) y como no había espacio en la cripta familiar esperó 17 días en el depósito del cementerio hasta recibir sepultura en el nicho 7 del pabellón 7. El certificado de defunción del Hospital Princesa Grace de Mónaco, llevó el número 7747”.

En el Dakar 2020, la trágica muerte de Paulo Gonçalves también se vinculó mucho a un número, pero en este caso fue el 8. El portugués participó este año con una Hero, con el dorsal #8. Durante la séptima etapa marchaba octavo en el camino cuando aconteció su accidente (a la altura del kilómetro 276, entre Riad y Wadi Al Dawasir). En el suelo lo encontraron Stefan Svitko y Toby Price, quienes advirtieron a la organización por medio del ‘iritrack’. El helicóptero médico demoró 8 minutos en llegar para trasladar al piloto (que estaba inconsciente y con un paro respiratorio) hasta el hospital de Layla. A raíz de su muerte, la organización decidió en señal de duelo cancelar la etapa 8. Un número que quedará íntimamente ligado a Gonçalvez y a esta tragedia vivida en el Dakar.

Campeón Mundial de Rally Cross Country en 2013, fue este el decimotercer Dakar para Paulo Gonçalvez. Debutó en la mítica carrera en 2006 y terminó cuatro veces en el top 10. Su mejor resultado fue en 2015, segundo por detrás de Marc Coma. El portugués, un veterano de estas lides, era uno de los pocos competidores que podía contar haber corrido el Dakar en moto en tres continentes: África, Sudamérica y, ahora, en Asia.

Al finalizar la competencia, la tragedia volvió a sacudir al mundo del Dakar al conocerse el fallecimiento del motociclista Edwin Straver, que había sufrido una caída en la anteúltima etapa y, debido a sus lesiones fue trasladado desde Arabia a Holanda, donde nunca pudo salir del coma y murió una semana después.