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Triumph Rocket 3 GT & R Evel Knievel

Triumph Rocket 3 GT & R Evel Knievel
Triumph Rocket 3 GT & R Evel Knievel

Versión especial de una moto que celebra la legendaria colaboración entre el temerario Evel Knievel y Triumph. Una pieza exclusiva para coleccionistas en edición limitada y numerada.

Al igual que otras leyendas como James Dean, Steve McQueen o Marlon Brando, el temerario piloto Evel Knievel contribuyó a catapultar el motociclismo al corazón de la cultura popular mundial.

Robert Craig ‘Evel’ Knievel (17/10/1938 – 30/11/2007) fue un artista de acrobacias y showman estadounidense que realizó saltos en moto de rampa en rampa durante una campaña que lo llevó desde ignotas ferias rurales de distintos condados hasta estadios abarrotados con entradas agotadas. Entre 1967 y 1968, Knievel utilizó exclusivamente motos Triumph, reconociendo un manejo superior y mayor confiabilidad para sus peligrosas hazañas. Es por eso que Triumph Motorcycles se propuso realizar dos versiones de su Triumph Rocket 3 en edición limitada para celebrar esa legendaria colaboración. Tomando como base modelos Rocket 3 GT y Rocket 3 R, los ejemplares rinden homenaje a la relación entre la marca y el ‘stuntman’, desde su primera actuación televisada a bordo de una Bonneville T120, hasta su salto histórico sobre las fuentes del Caesar’s Palace.

Apariencia

Gracias a unos generosos depósitos de combustible cromados realizados a mano, las ediciones limitadas se inspiran en el icónico mono blanco de Knievel, adornado con el emblemático gráfico de barras y estrellas sobre una base blanca. La carrocería trasera a juego y los paneles en negro zafiro mate contrastan con los asientos de cuero con el logotipo de Evel Knievel bordado en oro, creando una imagen audaz e imponente. Cada moto cuenta con una animación de inicio única en la pantalla TFT color y una placa de cubierta de leva negra y dorada numerada individualmente, grabada con láser y con el logotipo EK. Además, cada propietario de los 500 afortunados (se confeccionaron 250 unidades de cada versión) recibe con su compra un libro de tapa dura de edición de coleccionista que narra la historia de Evel Knievel y sus motos Triumph, numerado también individualmente para que coincida con cada moto. En el pasado Salón del Automóvil de Funes, cuya cobertura mostramos en MotoERRE 275 del mes de abril de 2026, pudimos apreciar una Triumph Rocket 3 GT Evel Knievel Limited Edition que lleva el número 097 para su identificación.

Potencia x 2

Ya sea en su versión GT o en la opción R, la Triumph Rocket 3 de serie está equipada con el impulsor de producción más grande del mundo: 3 cilindros en línea, 4T, DOHC, 2.458 cc, refrigeración líquida, inyección electrónica y relación de compresión 10,8 :1, para generar una potencia máxima de 182 CV a 7.000 rpm y un par máximo de 225 Nm a 4.000 rpm. En la edición limitada EK, sus afortunados compradores pueden elegir entre la versión R, con su imponente presencia de musculosa roadster que refleja potencia y control, o la Rocket 3 GT, con una posición de manejo más relajada y un amplio espacio para el pasajero. Cada una ofrece una sensación y personalidad única, gracias a diferencias clave en su ergonomía.

Los distintivos silenciadores de triple salida realzan aún más su ‘look’, produciendo un sonido de escape profundo y resonante que complementa el rendimiento y amplifica su imponente presencia.

Luego, para aprovechar el rendimiento y brindar una conducción controlada y cómoda, cuenta con horquillas Showa de 47 mm de diámetro, ajustables en rebote y compresión, y un monoamortiguador RSU con depósito separado, ajustable en precarga, rebote y compresión. El frenado lo proporcionan pinzas radiales Brembo Stylema con discos dobles de 320 mm (adelante) y una pinza trasera monobloque radial Brembo M4.32 de cuatro pistones para asegurar un disco de 300 mm (las dos conservan la funcionalidad completa del ABS optimizado para curvas).

Equipamiento y tecnología

Para realzar su agresividad y carácter, ambas incorporan faros LED dobles con el triángulo distintivo de Triumph y luces diurnas DRL. Además, cuentan con guiños, luz trasera y luz de matrícula LED, creando una firma lumínica realmente inconfundible, incluso de noche. Y, para aprovechar al máximo su rendimiento, existen ayudas tecnológicas que intuitivamente ayudan al piloto: sistema Ride-by-wire; caja de cambios con engranajes helicoidales; embrague Torque Assist para escalar las seis marchas con rapidez; mientras que un conjunto de cambio rápido Triumph Shift Assist está disponible como accesorio para ambos modelos. También disponen de cuatro modos de conducción: carretera, lluvia, deportivo y configurable por el piloto, que ajusta el mapa del acelerador y del control de tracción.

La leyenda

Para muchas generaciones Evel Knievel fue mucho más que un especialista en acrobacias: fue un símbolo de audacia y aventura; y las motos Triumph desempeñaron un papel fundamental en su ascenso a la fama. Con más de 175 saltos a lo largo de su campaña desafió el peligro y sobrevivió para contarlo. El Libro Guinness de los Récords lo reconoce por haberse fracturado o vuelto a fracturar más huesos que nadie en la historia, con un total de 433 lesiones (aunque puede ser una cifra exagerada), y porque pasó muchos años de su vida hospitalizado recuperándose. Knievel tomó trascendencia en 1967, con su primera aparición en el programa ‘Wide World of Sports’ de ABC, donde saltó con una Bonneville T120 de 650 cc por encima de 15 autos en el circuito Ascot Park Speedway en Gardena, California. Aquella actuación (que fue difundida en diferido, por las dudas), fue anterior al mono blanco y su icónica capa. Por entonces, vestía un mono de cuero amarillo y negro. Unos meses después regresó a Ascot para saltar 16 coches, esta vez luciendo por primera vez el mono blanco que lo hizo famoso. Realizó al menos 15 saltos por todo Estados Unidos, primero sobre coches y luego fue incrementando la dificultad. Uno de sus saltos más recordados, y el más largo de toda su carrera, fue sobre las fuentes del Caesar’s Palace en Las Vegas.

Para los festejos de Nochevieja, miles de personas se congregaron frente al casino el 31 de diciembre de 1967 para presenciar el intento. Tras elevarse 43 metros por encima de las fuentes, el temerario piloto perdió el control de su Bonneville al aterrizar y se estrelló de forma espectacular, horrorizando a los espectadores. Knievel sufrió conmoción cerebral, múltiples costillas rotas, fractura de cadera izquierda, de pelvis, de mandíbula y de nariz. “Me lastimé mucho”, dijo Evel cuando despertó tras pasar 29 días en coma, pero allí descubrió que era famoso internacionalmente y que su vida nunca volvería a ser la misma.

De todas las acrobacias extravagantes que realizó Evel Knievel, la más espectacular fue su intento de saltar sobre el cañón del río Snake, de 500 metros de ancho, en Idaho. Lo hizo ante la frustración por realizar una acrobacia uniendo las laderas del Gran Cañon de Colorado, ante la negativa del Servicio de Parques Nacionales. La tentativa fue sobre una Triumph Bonneville T120 modificada y equipada con alas delta de 1,2 metros de envergadura, cinturón de seguridad, paracaídas y un cohete sobrecalentado propulsado por vapor bautizado como Skycycle X-2. El 8 de septiembre de 1974, tras meses de preparativos, Knievel pulsó el botón de lanzamiento y ascendió por una rampa inclinada a 56 grados, con la esperanza de alcanzar una velocidad máxima de 632 km/h a los cinco segundos de vuelo, antes de que tanto él como su moto-cohete descendieran suavemente al otro lado del cañón con la ayuda del paracaídas. Hubiera sido espectacular, temerario y muy arriesgado… pero fracasó. El paracaídas se desplegó durante el despegue, provocando una pérdida de control. El mundo observó horrorizado cómo Knievel desaparecía en el cañón, sin saber si estaba vivo o muerto. Milagrosamente, aterrizó sobre un afloramiento rocoso a pocos metros del río en el que seguramente se habría ahogado, sobreviviendo relativamente ileso y fue recogido por un equipo de rescate. Esta hazaña resultó ser un punto de inflexión en su extraordinaria carrera. Si bien realizaría muchos más saltos exitosos, jamás volvería a intentar algo tan extravagante ni a tan gran escala.

Evel Knievel dejó un legado extraordinario. Inspiró a toda una generación de niños a saltar con sus bicicletas sobre rampas y, más tarde, a subirse a las motos. De hecho, la mayoría de los especialistas en acrobacias y atletas de deportes extremos de la actualidad lo reconocen como una fuente de inspiración. Por eso, en cada niño que levanta la rueda delantera con su bicicleta, en cada motociclista que acelera a fondo, el espíritu de Evel Knievel sigue vivo.

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